Bailando solo no empezó como largometraje. En 2010, Gilberto González Penilla filmó un cortometraje con la misma premisa: un hombre mayor que tiene que aprender a bailar. La idea se quedó con él y durante más de una década intentó convertirla en una película completa.
Una obsesión con los personajes jubilados
Si se mira la filmografía del director, el tema está desde temprano. Sonreír, su cortometraje de 2011, retrata a un jubilado con una vida monótona que busca muestras de afecto de su esposa. Conversaciones de un matrimonio, documental de 2013 nominado al Ariel, mira a una pareja que lleva más de cuarenta años junta.
Me seduce la soledad.
Lo dijo a El Universal durante el GIFF 2026: le interesa cómo la vida que uno cree hecha a los 60 o 65 años puede cambiar de pronto, y obligar a adaptarse. Bailando solo es la versión más luminosa de esa preocupación: una comedia.
Por qué tarda tanto un proyecto
- El guion cambia: de un cortometraje a 90 minutos hay que inventar una estructura nueva.
- El financiamiento llega por partes: hubo cinco años de rechazos de fondos públicos.
- El reparto ideal no siempre está disponible cuando hay dinero.
- Mientras tanto, el director hace otras películas: Los Hámsters y Amores incompletos.
El guion final lo firman Alfredo Mendoza Aguilar y Gilberto González Penilla. El financiamiento llegó a través del EFICINE, y la película se produjo con Nopal Army Films y Disruptiva Sound.

El cortometraje como laboratorio
Hacer primero un corto no es obligatorio, pero ayuda: prueba el tono, deja ver si el personaje aguanta y es una carta de presentación ante fondos y socios. La recomendación que damos a quien nos escribe es la misma: si la historia te sigue importando diez años después, vale la pena seguirla empujando.



